Verano desde el hemisferio norte por que en Buenos Aires estabamos en invierno, aunque suave.
Fuí a Buenos Aires por trabajo y estuve ahí cuatro meses y en tanto tiempo uno puede llegar a sentirse muy solo, lejos de casa, de los amigos, del entorno conocido. Al principio la soledad es sinonimo de libertad pero este espejismo pronto desaparece y da paso a una sensación mucho más real, sentirse perdido, desubicado, en definitiva solo.
Era Domingo, es decir más tiempo para perder, sin embargo estaba contento acababa de mudarme de un hotel impersonal y asèptico a un apartamento cèntrico lo cual me dio la oportunidad de relacionarme con mi entorno de una forma más fluida. Solo el hecho de llenar la nevera yendo a comprar ya supuso un cambio radical de relaciones.
Así estaba pues ese domingo, paseando despues de hacer la compra, en Buenos Aires hay tiendas abiertas en todo momento, me acerqué hasta el centro cultural Recoleta, donde cada domingo hay un mercadillo de artistas y artesanos y alrrededor de estos un sinfin de músicos, malabaristas y demas artistas callejeros.
Llevaba ya unas horas paseando, habia comido por la zona y pense que podia ser una buena idea visitar el Museo de Bellas Artes que se encuentra en la avd. Libertadores muy cerca de la Recoleta y fue cuendo estaba esperando en un semaforo para cruzar, cuando una mirada cambió mi vida. (continuarà)